1. Pidieron guía y luego la rechazaron
Duración: 10 mins.
Puntos de la guía
- Antes de huir a Egipto, Johanán y toda la gente le pidieron a Jeremías que orara por ellos para que Jehová los guiara (Jer 42:1-3; it “Johanán” núm. 5).
- La respuesta de Jehová fue clara: quédense en Judá, no vayan a Egipto (Jer 42:9, 10, 19).
- Ellos rechazaron la guía de Jehová (Jer 43:4-7).
- PREGÚNTESE: “Cuando me dan un consejo basado en la Biblia, ¿lo pongo en práctica aunque no sea lo que quiero oír?” (w25.07 5 párr. 14).
Discurso preparado
Introducción
¿Alguna vez hemos pedido consejo cuando, en el fondo, ya teníamos decidido qué queríamos hacer? Podemos escuchar con atención, agradecer la ayuda y hasta decir que la vamos a seguir. Pero la prueba de verdad llega cuando el consejo no coincide con lo que deseábamos oír.
Jeremías 42 y 43 cuenta una situación así. El resto de Judá estaba asustado después de una serie de tragedias y quería saber qué hacer. Acudieron a Jeremías para pedir dirección de Jehová, pero su reacción posterior mostró que escuchar una respuesta no es lo mismo que aceptarla.
Antes de huir a Egipto, Johanán y toda la gente le pidieron a Jeremías que orara por ellos para que Jehová los guiara (Jer 42:1-3; it “Johanán” núm. 5).
LEAMOS JEREMÍAS 42:1-3
Los jefes y toda la gente se acercaron a Jeremías con una petición que parecía muy sincera. Le rogaron que orara por ellos y que Jehová les dijera qué camino seguir y qué debían hacer. En ese momento, estaban reconociendo que necesitaban una guía superior a su propio criterio.
La situación justificaba que buscaran ayuda. Jerusalén había sido destruida, Guedalías había muerto y el grupo que quedaba tenía miedo de lo que pudiera ocurrir. Cuando uno se siente inseguro, es fácil pensar que cualquier decisión rápida es mejor que esperar.
Lo interesante es que ellos no pidieron a Jeremías que confirmara una idea concreta. Dijeron que querían saber el camino de Jehová. Incluso prometieron obedecer fuera cual fuera la respuesta. Esas palabras son excelentes, pero ahora había que ver si el corazón estaba dispuesto a cumplirlas.
Esto puede ocurrirnos en asuntos mucho más cotidianos. Un joven puede preguntar a sus padres o a un anciano por una relación sentimental. Una familia puede buscar orientación bíblica antes de tomar una decisión económica o mudarse. Pedir consejo es un buen comienzo, pero la pregunta importante es: “¿Estoy buscando dirección, o solo aprobación?”.
La respuesta de Jehová fue clara: quédense en Judá, no vayan a Egipto (Jer 42:9, 10, 19).
LEAMOS JEREMÍAS 42:9, 10, 19
Jehová no dejó a la gente con una respuesta ambigua. Les dijo que permanecieran en Judá y prometió edificarlos y cuidarlos allí. Además, les dijo claramente que no fueran a Egipto, precisamente el lugar que ellos consideraban más seguro.
¿Por qué podía costarles aceptar esa respuesta? Babilonia era el poder que acababa de destruir Jerusalén. Ellos temían represalias y Egipto podía parecer una salida lógica, lejos del escenario de la guerra. Desde un punto de vista humano, quedarse quizá se sentía peligroso y marcharse parecía prudente.
Pero Jehová veía algo que ellos no podían ver. Les advirtió que el peligro del que trataban de escapar los alcanzaría en Egipto. Su problema no era falta de información; era decidir si confiarían más en lo que podían calcular o en lo que Jehová acababa de decir.
A nosotros también puede pasarnos. Tal vez una norma bíblica parezca poco práctica cuando la comparamos con una solución rápida. Quizás decir la verdad nos cueste dinero, mantener la neutralidad complique una situación o poner límites a una relación nos duela. En esos momentos, la guía de Jehová puede ser clara y aun así exigir fe.
Esperar también formó parte de la prueba. Jeremías recibió la respuesta diez días después. Durante ese tiempo, la gente tuvo que vivir con la incertidumbre. Cuando estamos nerviosos, diez días pueden parecer muchísimo; pero buscar la guía de Jehová implica aceptar también su ritmo, no solo su respuesta.
Ellos rechazaron la guía de Jehová (Jer 43:4-7).
LEAMOS JEREMÍAS 43:4-7
Cuando por fin escucharon la respuesta, Johanán, los jefes y el pueblo hicieron justo lo contrario. Se fueron a Egipto y llevaron consigo a los demás, incluidos Jeremías y Baruc. Lo más triste es que antes habían prometido obedecer todo lo que Jehová dijera.
El capítulo 43 muestra además que algunos acusaron a Jeremías de mentir. Eso revela hasta dónde puede llegar una decisión que ya se ha tomado por dentro. Si una respuesta bíblica no coincide con lo que quiero, puedo empezar a buscar defectos en quien me la recuerda o razones para desacreditar el consejo.
Por eso conviene revisar el corazón antes de pedir orientación. Si solo acepto los consejos que coinciden con mi opinión, en realidad sigo siendo yo quien decide la norma. La humildad se nota cuando estoy dispuesto a modificar un plan que me gusta porque un principio bíblico apunta en otra dirección.
Pensemos en una hermana que desea iniciar una relación con alguien que no comparte su fe. Puede preguntar a una hermana madura qué piensa y escuchar razones bíblicas claras. Si después responde: “Sí, pero mi caso es distinto”, quizá el problema ya no sea entender el consejo, sino aceptar que el consejo exige renunciar a algo que desea.
Imagen
La imagen muestra a una hermana madura conversando con una joven dentro de un automóvil. Le enseña un artículo de “Los jóvenes preguntan” relacionado con el noviazgo. No vemos una discusión fuerte; vemos una conversación tranquila y una ayuda basada en la Biblia.
Esa escena nos recuerda que Jehová puede guiarnos mediante su Palabra y mediante cristianos maduros que la usan con equilibrio. La joven todavía tendrá que tomar su propia decisión. El consejo puede ser cariñoso y claro, pero nadie puede obedecer por ella.
También hay una lección para quien da consejo. No se trata de imponer gustos personales ni de controlar la vida de otro. La hermana de la imagen usa material bíblico, de modo que la atención queda en lo que Jehová piensa y no en “yo haría esto” o “a mí no me gusta aquello”.
PREGÚNTESE: “Cuando me dan un consejo basado en la Biblia, ¿lo pongo en práctica aunque no sea lo que quiero oír?” (w25.07 5 párr. 14).
Esta pregunta merece una respuesta muy personal. Puede que yo valore los consejos mientras sean cómodos, pero la prueba llega cuando un consejo toca mi dinero, mis amistades, mi entretenimiento, mi trabajo o una relación afectiva. Ahí se ve si de verdad quiero que Jehová dirija mis pasos.
Una buena práctica es separar la reacción inicial de la decisión final. Si un consejo me molesta, no tengo que responder en ese mismo momento. Puedo agradecerlo, orar, buscar el principio bíblico citado y preguntarme qué resultado tendría obedecerlo a largo plazo.
También puedo fijarme en qué estoy defendiendo. ¿Estoy protegiendo un principio o protegiendo mi orgullo? ¿Hay hechos nuevos que justifican otra decisión, o solo estoy buscando una excepción que me permita hacer lo que ya quería?
La experiencia de Johanán enseña que pedir dirección sin intención de obedecer no trae seguridad. Ellos fueron a Egipto porque allí imaginaban paz, pero Jehová había advertido que esa salida no los protegería. La obediencia quizá no siempre parezca la ruta más cómoda, pero sí es la ruta en la que contamos con la aprobación de Jehová.
Conclusión
¿Qué nos deja este relato? Primero, está bien pedir guía cuando estamos inseguros. Segundo, debemos escuchar la respuesta aunque contradiga nuestro plan. Y tercero, la verdadera confianza se demuestra cuando hacemos cambios concretos después de recibir consejo bíblico.
La próxima vez que pidamos orientación, podríamos hacernos una pregunta antes de escucharla: “¿Estoy dispuesto a cambiar si la Biblia me lleva en otra dirección?”. Si la respuesta es sí, no estaremos imitando a quienes pidieron guía y luego la rechazaron. Estaremos mostrando que confiamos en que Jehová ve más lejos que nosotros y que su dirección siempre merece ser tomada en serio.