Reflexión para hoy
Apocalipsis 4:11 me recuerda que Jehová merece mucho más que un reconocimiento ocasional. Si él es el Creador y la fuente de la vida, entonces mi tiempo, mis fuerzas y mis capacidades pueden convertirse en una forma de darle honra. Eso hace que la adoración no se limite a palabras; también se expresa en cómo uso lo que tengo.
La predicación es una manera especial de hacerlo porque hablamos bien de Jehová delante de otras personas. Pero el texto también me lleva a pensar en la motivación. No quiero servir solo por costumbre, por cumplir una meta o porque otros esperan que lo haga. Quiero que detrás de mis esfuerzos exista gratitud. Cuando recuerdo lo que Jehová ha creado, lo que me enseña y la esperanza que me da, hablar de él se vuelve más natural.
En la práctica puedo preguntarme al comenzar la semana: “¿Qué parte de mis fuerzas puedo ofrecerle a Jehová con alegría?”. Tal vez sea apartar tiempo para el ministerio, preparar mejor una conversación, ayudar a alguien de la congregación o cuidar mi conducta para que dé buen testimonio.
No todos tenemos las mismas circunstancias ni la misma energía. Jehová no pide una cantidad idéntica. Pero sí puedo darle lo mejor dentro de mis posibilidades. Y cuando lo hago por amor, hasta un esfuerzo modesto se convierte en una expresión sincera de honra.