Reflexión para hoy
Hay días en los que uno intenta seguir adelante con normalidad, pero por dentro carga tristeza, decepción o cansancio. Este texto me recuerda que para Jehová ninguna lágrima pasa inadvertida. Tal vez otras personas no sepan exactamente por qué estamos sufriendo, o quizás ni siquiera noten que estamos luchando. Jehová sí lo ve. Y no observa nuestro dolor con frialdad; le importa lo que sentimos y conoce el peso que tienen ciertas experiencias en el corazón.
Eso me anima a no esconderle mis emociones en la oración. No necesito hablarle como si todo estuviera bien. Puedo decirle con sinceridad qué me duele, qué me preocupa y qué situación me ha dejado agotado. También puedo pedirle fuerzas para atravesar ese día, aunque el problema todavía no se resuelva.
En la práctica, cuando me sienta desbordado, puedo hacer algo sencillo: detenerme, orar con calma y recordar una promesa bíblica que muestre el cariño de Jehová. Saber que él no minimiza mis lágrimas me ayuda a sentirme acompañado. El dolor quizá no desaparezca de inmediato, pero deja de sentirse como una carga que tengo que llevar completamente solo.