Reflexión para hoy
Este versículo presenta el deseo de servir como algo positivo, pero me llama la atención que habla de una “labor”, no de una posición. Eso cambia completamente el enfoque. Esforzarse por servir más en la congregación no consiste en buscar reconocimiento, sino en desarrollar las cualidades necesarias para cuidar, enseñar, animar y dar buen ejemplo.
Por eso, una meta espiritual sana empieza mucho antes de recibir cualquier responsabilidad. Se construye en casa, en la forma de hablar, en la puntualidad, en el trato a los demás, en la disposición para aceptar consejo y en la constancia en el ministerio. Nadie desarrolla de repente un buen carácter el día que recibe un nombramiento.
Una aplicación práctica sería escoger una sola cualidad bíblica relacionada con el servicio y trabajarla de manera concreta. Por ejemplo, si necesito ser más paciente, puedo observar cómo reacciono cuando algo sale mal. Si deseo enseñar mejor, puedo prepararme con más cuidado para explicar ideas sencillas. Si quiero ser más accesible, puedo tomar la iniciativa para conversar con quienes suelen quedar solos.
Este texto también me recuerda que Jehová valora el deseo correcto acompañado de esfuerzo. No todos tendrán las mismas responsabilidades, pero todos podemos seguir creciendo. La verdadera meta no es conseguir un título; es convertirnos en personas cada vez más útiles, confiables y espirituales para beneficio de los demás.