Reflexión para hoy
El miedo puede hacer que un problema parezca más grande de lo que realmente es. Cuando pensamos solo en nuestros recursos, experiencia o fuerzas, ciertas situaciones parecen imposibles. Los israelitas tenían delante enemigos fuertes, pero el punto decisivo no era únicamente la capacidad de aquellos hombres; era si ellos recordaban quién estaba de su lado. Este texto me enseña a incluir a Jehová en la manera en que evalúo mis dificultades.
Eso no significa ignorar los riesgos ni actuar sin prudencia. Significa no permitir que el temor a otras personas decida por mí lo que está bien o lo que está mal. En el trabajo, en los estudios, en la familia o incluso entre amigos, puede aparecer presión para callar una convicción, imitar una conducta o tomar una decisión solo para evitar críticas. En esos momentos, la pregunta útil es: “¿A quién quiero agradar más?”.
Una aplicación práctica es preparar de antemano una respuesta sencilla para situaciones que sé que pueden poner a prueba mi valor. También puedo orar antes de enfrentar una conversación difícil. Recordar que Jehová está conmigo cambia la perspectiva: quizá sigo sintiendo nervios, pero ya no dejo que esos nervios gobiernen mis decisiones. El valor cristiano no es ausencia de miedo; es obedecer a Jehová a pesar de sentirlo.