Reflexión para hoy
Este versículo resume en pocas palabras una realidad dolorosa y una esperanza enorme. Ninguno de nosotros eligió nacer bajo los efectos del pecado y la muerte. Heredamos una condición que no podemos corregir por nuestros propios medios. Pero Jehová no dejó a la humanidad atrapada sin salida. Por medio de Jesús abrió el camino para recuperar lo que Adán perdió.
Pensar en el rescate de esta manera me ayuda cuando me desanimo por mis propias limitaciones. A veces puedo sentir frustración porque repito un error, me canso, envejezco o veo cómo una enfermedad afecta a alguien que quiero. El texto no minimiza esas experiencias, pero me recuerda que no representan el final de la historia. La muerte y la imperfección no son invencibles para Jehová.
¿Cómo puedo hacer que esta verdad sea práctica hoy? Una manera es hablar de la esperanza con más convicción, especialmente cuando alguien está pasando por una pérdida. Otra es no definir a una persona únicamente por sus defectos actuales. Si Jehová ve lo que la humanidad puede llegar a ser gracias a Cristo, yo también puedo aprender a mirar a los demás con paciencia.
Cada día bajo la imperfección confirma cuánto necesitamos el rescate. Pero cada promesa relacionada con Jesús confirma algo todavía más importante: Jehová ya ha provisto la solución. Esa certeza puede darme fuerzas para seguir sirviéndolo con esperanza, incluso en días difíciles.