Reflexión para hoy
La experiencia no hace que una persona sea infalible, pero puede darle una perspectiva que todavía no tenemos. Quien ha pasado por años de decisiones, cambios, alegrías y dificultades suele reconocer patrones que alguien más joven apenas empieza a descubrir. Por eso este texto me anima a no descartar un consejo solo porque proviene de otra generación.
A veces podemos pensar: “Las cosas ahora son diferentes”, y en ciertos aspectos es verdad. Pero los principios sobre la lealtad, las relaciones, el autocontrol, la paciencia o la amistad con Jehová no envejecen. Un hermano o una hermana mayor quizá no conozca cada detalle de una situación moderna, pero puede haber aprendido algo muy valioso sobre cómo aplicar esos principios cuando la vida se complica.
Una aplicación práctica sería buscar consejo antes de una decisión importante, no después de haberme metido en un problema. Podría hablar con alguien maduro que conozca bien la Biblia y preguntarle no solo “¿qué haría usted?”, sino “¿qué aprendió de experiencias parecidas?”.
Escuchar a los mayores tampoco significa obedecer automáticamente cualquier opinión personal. Todo consejo debe armonizar con la Palabra de Dios. Pero tener la humildad de aprovechar décadas de experiencia puede evitar errores innecesarios. Jehová puede usar la sabiduría acumulada de otros para ayudarnos a ver más lejos de lo que alcanzaríamos por nuestra cuenta.