Semana del 26 de octubre al 1 de noviembre de 2026

Tesoros de la Biblia – 26 de octubre al 1 de noviembre de 2026

Tesoros de la Biblia de esta semana, 26 de octubre al 1 de noviembre de 2026: contenido preparado para la reunión.

1. Jehová es un juez justo y misericordioso

1. Jehová es un juez justo y misericordioso

Duración: 10 mins.

Puntos de la guía

  • Jeremías predijo que Jehová castigaría a Moab por cómo había tratado a Judá (Jer 48:27, 29, 42; it “Moab, moabitas” núm. 2 párr. 22).
  • A Jehová no le causaría ningún placer acabar con Moab (Jer 48:31, 36).
  • Jehová sería misericordioso con algunos moabitas (Jer 48:47; it “Moab, moabitas” núm. 2 párr. 24).

Discurso preparado

Introducción

Cuando una persona nos hace daño, puede ser difícil mantener juntas dos cualidades: justicia y misericordia. Quizás queremos que se corrija lo malo, pero al mismo tiempo no deseamos volvernos duros. Jehová nunca pierde ese equilibrio.

Jeremías 48 describe el juicio contra Moab. El capítulo contiene palabras muy fuertes, porque Moab había actuado con orgullo y había tratado mal al pueblo de Dios. Sin embargo, también deja ver algo muy tierno: Jehová no disfrutaba del sufrimiento y hasta anunció misericordia para algunos.

Ese equilibrio nos enseña cómo es Jehová. Su justicia nunca es cruel, y su misericordia nunca ignora lo que está mal. Ver las dos cualidades juntas puede cambiar nuestra manera de pensar sobre su juicio y también sobre las personas.

Jeremías predijo que Jehová castigaría a Moab por cómo había tratado a Judá (Jer 48:27, 29, 42; it “Moab, moabitas” núm. 2 párr. 22).

LEAMOS JEREMÍAS 48:27, 29

Moab se había burlado de Israel. Jeremías también describe su orgullo, arrogancia y altanería. No se trataba de un simple desacuerdo entre dos pueblos; había una actitud persistente de desprecio y superioridad.

El orgullo puede parecer solo un defecto de personalidad, pero Jehová ve lo que produce. Cuando alguien se cree superior, le resulta más fácil humillar, despreciar o tratar con crueldad a otros. Moab había permitido que esa actitud afectara la manera en que trataba a Judá.

Jehová no pasó por alto ese comportamiento. Su paciencia no significaba aprobación. Llegó el momento en que anunció un juicio claro contra Moab.

LEAMOS JEREMÍAS 48:42

El versículo explica la razón central: Moab se había engrandecido contra Jehová. Eso nos ayuda a entender por qué la justicia divina es necesaria. Si Dios nunca actuara contra la maldad orgullosa, las víctimas podrían preguntarse si a él realmente le importa lo que sufren.

Pensemos en una situación sencilla. Si un padre ve que un hijo fuerte maltrata repetidamente a uno más pequeño, sería injusto limitarse a observar. El amor por el que sufre lo mueve a intervenir y poner límites.

Jehová hace algo parecido, pero de manera perfecta. Él da tiempo para cambiar, conoce todos los hechos y no se deja llevar por impulsos. Cuando finalmente ejecuta juicio, lo hace porque la justicia lo exige.

Esto también me hace revisar mi propia actitud. No necesito cometer una injusticia enorme para empezar a cultivar orgullo. Puedo mostrarlo si me cuesta aceptar una corrección, si me comparo constantemente o si trato con menos respeto a quien tiene menos experiencia.

Por eso, el relato de Moab no es solo una profecía sobre una nación antigua. Es una advertencia personal. Jehová se opone al orgullo, así que quiero detectar esa tendencia antes de que afecte la forma en que trato a otros.

A Jehová no le causaría ningún placer acabar con Moab (Jer 48:31, 36).

LEAMOS JEREMÍAS 48:31, 36

Estas palabras sorprenden porque aparecen en medio de una profecía de juicio. Jehová dice, por medio de Jeremías, que lloraría y gemiría por Moab. El castigo era justo, pero eso no significaba que la destrucción le produjera satisfacción.

Aquí vemos una diferencia enorme entre Jehová y un ser humano vengativo. Una persona resentida puede disfrutar cuando al enemigo le va mal. Puede pensar: “Se lo merecía”, y sentir placer al verlo sufrir.

Jehová no es así. Él puede decidir que una acción merece consecuencias y, al mismo tiempo, sentir compasión por las vidas afectadas. Su justicia no apaga su sensibilidad.

Eso me ayuda cuando leo relatos bíblicos de juicio. No necesito imaginar a un Dios frío que busca oportunidades para castigar. El mismo Jehová que condena la maldad siente dolor por la pérdida de vidas y prefiere que las personas cambien.

También puede mejorar la manera en que reacciono cuando alguien recibe disciplina. Tal vez una persona tomó decisiones graves y ahora afronta consecuencias. ¿Me alegro porque “por fin recibió lo que merecía”? ¿O deseo sinceramente que la disciplina la ayude a recuperar una buena relación con Jehová?

En la congregación, la misericordia se nota en el tono. Podemos apoyar las normas de Jehová sin hablar con dureza de quien se equivocó. Podemos proteger a otros sin convertir el error de una persona en tema de conversación.

En la familia ocurre algo parecido. Un padre puede aplicar una consecuencia y dejar claro que cierta conducta no está bien. Pero el niño debe seguir percibiendo amor, interés y deseo de ayudarlo a mejorar.

La justicia de Jehová siempre tiene una base limpia. No nace de orgullo herido ni de deseo de desquitarse. Por eso, cuanto más imitemos su manera de pensar, menos espacio habrá en nosotros para la venganza personal.

Jehová sería misericordioso con algunos moabitas (Jer 48:47; it “Moab, moabitas” núm. 2 párr. 24).

LEAMOS JEREMÍAS 48:47

Después de tantas palabras de juicio, el capítulo termina con una nota inesperada. Jehová dice que reuniría a cautivos de Moab en la parte final de los días. El juicio contra la nación no significaba que cada moabita quedara fuera de toda posibilidad de misericordia.

Ese detalle es muy consolador. Jehová puede condenar un sistema, una conducta o una nación y seguir viendo a las personas individualmente. Él sabe quién puede cambiar y quién responde a una oportunidad de acercarse a él.

La Biblia muestra después que personas de origen moabita podían llegar a formar parte del pueblo de Dios. Lo importante no era llevar una etiqueta nacional, sino demostrar fe y aceptar la adoración verdadera.

Eso nos ayuda mucho en la predicación. Podemos encontrar personas cuyo entorno parece completamente alejado de Jehová. Tal vez pertenecen a una familia muy religiosa, a un ambiente hostil o a un grupo que suele rechazar nuestro mensaje.

Sería un error decidir de antemano que “esa gente nunca cambia”. Jehová no mira a las personas como una masa uniforme. Su misericordia deja espacio para que un individuo piense, compare, cambie y tome una nueva dirección.

La misma idea sirve dentro de la congregación. Alguien puede haber estado inactivo mucho tiempo o haber tomado malas decisiones. No sabemos qué conversación, qué recuerdo o qué cambio de circunstancias puede tocar su corazón.

Por eso queremos mantener abierta la puerta del cariño. No aprobamos lo que está mal, pero tampoco cerramos la posibilidad de recuperación. La misericordia de Jehová nos enseña a esperar lo mejor mientras todavía exista tiempo para responder.

Imagen

La imagen muestra a una mujer joven en su casa. Tiene en la mano una foto de cuando servía a Jehová junto con sus padres. En la televisión aparece una noticia sobre la prohibición de actividades religiosas.

La escena invita a pensar en el valor de actuar ahora. Tal vez esa joven está recordando algo que antes formaba parte de su vida espiritual justo cuando las circunstancias se vuelven más difíciles. No sabemos qué decidirá, pero la imagen encaja con la pregunta de meditación: ¿qué nos mueve a hacer hoy la misericordia de Jehová?

La respuesta puede ser muy personal. Si necesito fortalecer una rutina espiritual, reconciliarme con Jehová, volver a predicar o ayudar a alguien que se ha alejado, no hay razón para posponerlo. La paciencia de Jehová es una oportunidad para actuar, no una garantía de que siempre tendremos las mismas circunstancias.

Conclusión

Jeremías 48 nos deja una imagen equilibrada de Jehová. Él hizo responsable a Moab por su orgullo y por la manera en que trató a Judá. Eso demuestra que su justicia es real y que le importa el daño que sufren sus siervos.

Pero Jehová no disfrutó de la destrucción. Sintió compasión y dejó abierta la posibilidad de misericordia. Por eso podemos confiar plenamente en sus juicios: nunca son crueles ni impulsivos.

Y podemos imitarlo. Defendemos lo correcto, rechazamos el orgullo y la maldad, pero seguimos deseando que las personas cambien. Mientras Jehová muestre paciencia, queremos usar bien el tiempo y ayudar a otros a aprovechar su misericordia.

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