Cuando tengamos problemas, no nos rindamos
Duración: (10 mins.)
Puntos de la guía
- Valoremos lo que Jehová ha hecho por nosotros (Lam 3:22; w24.01 30 párr. 16).
- Confiemos en que Jehová seguirá a nuestro lado (Lam 3:23; Mt 6:34).
- Esperemos con paciencia a que llegue el fin de nuestros problemas (Lam 3:24; w21.08 13 párrs. 17-19).
Discurso preparado
¿Alguna vez has sentido que ya no puedes más? Quizás un problema de salud no se acaba. O una dificultad en la familia se alarga mes tras mes.
Imaginemos a alguien que se levanta cada día con la misma preocupación. Al principio aguanta bien, pero poco a poco las fuerzas se le van acabando.
Todos hemos pasado por algo parecido, y es normal sentirse cansado. Lo importante es saber qué hacer cuando eso pasa. El libro de Lamentaciones nos ayuda, porque lo escribió alguien que sufrió muchísimo y, aun así, no se rindió. Veamos qué lo mantuvo firme.
Antes de llegar a las palabras de esperanza, el escritor describe su dolor sin esconder nada. Dice que anda en la oscuridad, que todos se burlan de él y que su situación le resulta insoportable. No finge que todo está bien.
Pero en medio de ese sufrimiento algo cambia en su manera de pensar. Él mismo lo explica en el versículo 21: recuerda algo en su corazón, y por eso espera con paciencia. Ese recuerdo le dio esperanza.
Valoremos lo que Jehová ha hecho por nosotros (Lam 3:22; w24.01 30 párr. 16).
LEAMOS LAMENTACIONES 3:22
¿Qué fue lo que recordó? Que Jehová es leal en su amor y que sus muestras de misericordia nunca se acaban. Fíjate en la razón que da: gracias a ese amor, el pueblo todavía existía.
La situación era terrible, pero no había llegado el fin. Aun en un momento tan oscuro, él pudo ver lo que Jehová había hecho.
Esto es muy práctico. Cuando estamos agobiados, la mente se llena de lo que va mal. Es como mirar por una ventana sucia: solo vemos la mancha.
Conviene limpiar un poco el vidrio y mirar lo que Jehová sí ha hecho. Esa mirada no hace desaparecer el problema, pero le devuelve su tamaño real.
Fíjate también en cómo habla el escritor con Jehová en los versículos anteriores. Le dice con total sinceridad que está afligido y que se siente sin hogar. Y añade que está seguro de que Jehová se acordará de él.
Podemos hacer lo mismo en nuestras oraciones. No hace falta usar palabras bonitas. Basta con abrirle el corazón a nuestro Padre.
Imaginemos a una hermana que lleva meses cuidando de un familiar enfermo. Una noche, en vez de repasar sus preocupaciones, toma un papel y anota tres cosas buenas del día. Quizás un mensaje de ánimo de una amiga, una comida tranquila y un versículo que leyó por la mañana. Al terminar, ve que Jehová estuvo cerca durante todo el día.
¿Qué cosas podrías anotar tú? Piensa en tu familia y en los hermanos que te animan. Piensa en la Biblia que puedes leer cada día y en la esperanza del Paraíso.
Todo eso viene de un Padre que nos quiere. Cada vez que lo reconocemos, nuestro corazón se llena de gratitud y el desánimo pierde fuerza.
Valorar lo que Jehová ha hecho también nos recuerda lo que hizo en el pasado. Él ha cuidado a su pueblo durante siglos. Muchas personas fieles pasaron por pruebas duras, y Jehová las ayudó a seguir adelante. Si lo hizo con ellas, también puede hacerlo con nosotros.
Confiemos en que Jehová seguirá a nuestro lado (Lam 3:23; Mt 6:34).
LEAMOS LAMENTACIONES 3:23
El versículo dice que las muestras de misericordia de Jehová son nuevas cada mañana. Piensa en lo que eso significa. Cada día que empieza trae una nueva provisión de bondad de su parte.
La ayuda de ayer sirvió para ayer. Hoy Jehová nos da lo que necesitamos para hoy.
Después el escritor añade que grande es la fidelidad de Jehová. Él no es un amigo que ayuda cuando le conviene y luego desaparece. Cumple lo que promete, día tras día. Por eso podemos confiar en que mañana también estará con nosotros.
Una buena costumbre es empezar el día con una oración corta. Podemos darle las gracias por la noche que pasó y pedirle fuerzas para las próximas horas. Es como recibir una linterna al empezar a caminar de noche.
No ilumina todo el camino, pero nos deja ver el siguiente paso. Y con eso es suficiente para seguir avanzando.
Ahora veamos algo que dijo Jesús sobre este tema.
LEAMOS MATEO 6:34
Jesús nos invita a no angustiarnos por el día de mañana, porque cada día trae sus propias preocupaciones. No dice que los problemas no existan. Dice que no carguemos hoy con el peso de mañana.
Es como llevar una mochila. Si hoy cargo lo de hoy, aguanto. Pero si le añado todas las piedras de la semana que viene, el peso me aplasta. Jehová nos da fuerzas para cada día, no para cargar con todas las piedras a la vez.
Esto cambia cómo enfrentamos las pruebas largas. Imaginemos a un hermano que recibió un diagnóstico difícil. Le pesa pensar en cómo estará dentro de un año.
Pero, si se concentra en hoy, puede preguntarse: ¿qué necesito para este día? Quizás una oración sincera, la compañía de un hermano o unos minutos con la Biblia. Con eso puede llegar a la noche.
Pregúntate: ¿qué parte de mañana me está quitando la paz hoy? Puedes ponerla en manos de Jehová por medio de la oración. Después, vuelve a lo que sí puedes hacer hoy. Poco a poco puedes notar que la ayuda llega justo cuando la necesitas.
Esperemos con paciencia a que llegue el fin de nuestros problemas (Lam 3:24; w21.08 13 párrs. 17-19).
LEAMOS LAMENTACIONES 3:24
El escritor dice que Jehová es la parte que le corresponde. Esa palabra habla de algo que nos pertenece y que nos sostiene. Es como decir: Jehová es lo más valioso que tengo.
Por eso añade que lo esperará pacientemente. Si tenemos a Jehová, tenemos lo más importante, y eso nos ayuda a esperar sin desesperarnos.
Fíjate en lo que sigue en los versículos 25 y 26. Dice que Jehová es bueno con quien pone sus esperanzas en él. Y dice que es bueno esperar en silencio su salvación.
Esperar no es quedarse con los brazos cruzados. Es seguir confiando mientras Jehová actúa a su tiempo.
A veces la espera se hace larga, y pensamos que Jehová se olvidó de nosotros. Pero el versículo 31 nos da otra razón para tener paciencia: Jehová no nos rechazará para siempre. Y el versículo 33 nos asegura que a él no le produce ningún placer ver sufrir a las personas. Jehová no se complace en nuestro dolor.
Imagen
En la imagen se ve a una hermana muy enferma que ora con rostro sereno mientras recibe un tratamiento intravenoso. El pie de la imagen nos recuerda algo importante: sigamos orándole a Jehová con fe mientras esperamos a que él actúe. Mientras esperamos, la oración nos mantiene cerca de él.
¿Qué podemos hacer mientras esperamos? Podemos seguir orando, como la hermana de la imagen. Podemos seguir leyendo la Biblia, aunque sea un poco cada día.
Y podemos seguir yendo a las reuniones, donde los hermanos nos animan. Todo eso nos mantiene firmes hasta que llegue el fin de la prueba.
Imaginemos una carretera con obras. Es molesto avanzar despacio, pero sabemos que las obras tienen un final. Mientras tanto, seguimos manejando con paciencia.
Así pasa con nuestras pruebas: son reales, pero no son eternas. Jehová promete un mundo nuevo sin dolor, y esa promesa nos ayuda a aguantar hoy.
Conclusión
Resumamos lo que aprendimos. Primero, valoremos lo que Jehová ha hecho por nosotros. Recordar su amor leal nos da esperanza. Segundo, confiemos en que seguirá a nuestro lado.
Su misericordia es nueva cada mañana, y Jesús nos anima a vivir un día a la vez. Tercero, esperemos con paciencia. Jehová es lo mejor que tenemos, y no nos rechazará para siempre.
Quizás hoy estés pasando por algo muy duro. Recuerda lo que hizo el escritor de Lamentaciones. No negó su dolor, pero decidió recordar quién es Jehová.
Hagamos lo mismo. Con la ayuda de nuestro Padre, no nos rindamos.