Semana del 23 al 29 de noviembre de 2026

Seamos Mejores Maestros – 23 al 29 de noviembre de 2026

Seamos Mejores Maestros de esta semana (23 al 29 de noviembre de 2026): comentarios, respuestas y material para preparar la reunión.

Asignaciones preparadas

Empecemos conversaciones

Duración: (3 mins.)

Lección: lmd lección 5 punto 4

Indicación: DE CASA EN CASA. Enseña una verdad bíblica. Si quieres, puedes utilizar una de las que aparecen en el apéndice A del folleto Una obra de amor

Preparación

Esta demostración muestra cómo empezar una conversación de casa en casa y compartir una verdad bíblica. El publicador hace una pregunta sencilla, lee un texto y escucha con interés. Al final deja preparada la próxima visita.

Guion

Publicador: Buenos días. Me llamo Daniel. Estoy visitando a los vecinos de esta zona para compartir un pensamiento de la Biblia. ¿Tiene un minuto?

Amo de casa: Buenos días. Sí, dígame.

Publicador: Gracias. Hoy mucha gente se preocupa por el futuro de su familia. ¿A usted también le pasa a veces?

Amo de casa: Sí, bastante. Con lo que se ve en las noticias, uno no sabe qué esperar.

Publicador: Lo entiendo. Por eso me gusta mucho una promesa de la Biblia. ¿Me permite leerle un texto cortito?

Amo de casa: Claro, adelante.

Publicador: Está en Apocalipsis 21, versículos 3 y 4. Dice que Dios vivirá entre las personas y que limpiará toda lágrima de sus ojos. También dice que no habrá más muerte ni dolor.

Amo de casa: Qué bonito suena. Pero ¿usted cree que eso de verdad va a pasar?

Publicador: Buena pregunta. Yo confío en esa promesa porque viene de Dios, y él siempre cumple lo que dice. Además, lo que él promete no es algo lejano. Es algo que él quiere que conozcamos hoy para tener esperanza.

Amo de casa: Entiendo. Y ¿cómo sería esa vida sin dolor?

Publicador: El texto no da todos los detalles, pero sí deja claro que Dios se interesa por nosotros. Quiere que vivamos sin sufrimiento. ¿Qué es lo que más le gustaría que desapareciera?

Amo de casa: Pues las enfermedades, sobre todo. Mi mamá ha estado enferma mucho tiempo.

Publicador: Lamento mucho oír eso. Es difícil ver sufrir a alguien que uno quiere. Lo bueno es que la Biblia dice que Dios también ve ese dolor. Y promete que un día no habrá enfermedad.

Amo de casa: Ojalá sea cierto.

Publicador: Piense un momento cómo sería un día sin preocuparse por la salud, ni por la comida, ni por la seguridad. Eso es lo que Dios quiere para nosotros.

Amo de casa: Sería otra vida, sin duda. Me gustaría saber más.

Publicador: Si le parece bien, la próxima vez puedo traerle otro texto que habla de eso. Así podemos conversar con calma. ¿Cuándo le queda mejor, por la mañana o por la tarde?

Amo de casa: Mejor por la tarde, después de las cuatro.

Publicador: Perfecto. Vengo el jueves por la tarde. Muchas gracias por escucharme. Que tenga un buen día.

Amo de casa: Igualmente. Hasta el jueves.

Publicidad

Empecemos conversaciones

Duración: (4 mins.)

Lección: lmd lección 4 punto 3

Indicación: PREDICACIÓN INFORMAL. Ofrece un tratado

Preparación

En esta escena, una publicadora se acerca a alguien en un lugar público para ofrecerle un tratado. Primero escucha lo que la persona tiene que decir y después ofrece el tratado sin presionar. Fíjate en cómo deja que la persona decida y saque sus propias conclusiones.

Guion

Publicadora: Hola, buenas tardes. ¿Está esperando el autobús?

Persona: Hola. Sí, y parece que hoy viene tarde.

Publicadora: Sí, ya llevamos un rato. Al menos hace buen tiempo. Me llamo Lucía.

Persona: Yo soy Marta. Mucho gusto.

Publicadora: Mucho gusto, Marta. Mientras esperamos, ¿le puedo hacer una pregunta? ¿Usted piensa que el mundo está mejor o peor que hace unos años?

Persona: Uf, peor. Todo está carísimo y la gente anda muy estresada.

Publicadora: Tiene razón, se nota mucho. ¿Y a usted, cómo la afecta todo eso?

Persona: Pues me quita el sueño. Pienso en el trabajo, en las cuentas, en todo. A veces no puedo ni descansar.

Publicadora: La entiendo. Por eso a mí me gusta mucho un consejo de la Biblia, en Filipenses 4:6, 7. Dice que no nos inquietemos por nada y que le contemos a Dios lo que nos preocupa. Y promete que así recibiremos una paz que nos cuida el corazón y los pensamientos.

Persona: La Biblia, claro. Mi abuela la leía mucho, pero yo nunca le presté atención.

Publicadora: Qué bonito recuerdo de su abuela. ¿Sabe qué? Aquí tengo un tratado y me gustaría ofrecérselo. ¿Le gustaría tenerlo?

Persona: A ver, enséñemelo.

Publicadora: Mire, aquí está. Se lo regalo con gusto. Lo bueno de la Biblia es que cada persona puede pensar por sí misma lo que lee.

Persona: Eso me gusta. No me gusta que me digan qué pensar.

Publicadora: A mí tampoco. Por eso prefiero que usted lo lea con calma y saque sus propias conclusiones.

Persona: Pero no sé si Dios escucha de verdad a alguien como yo.

Publicadora: Es una duda muy normal. Justamente por eso vale la pena leer lo que la Biblia dice sobre la oración. Allí se dice que Jehová se interesa por cada uno de nosotros. Y esa es una razón para tener esperanza.

Persona: Me gustaría creerlo. Estoy muy cansada de preocuparme por todo.

Publicadora: Le cuento algo que me ayuda. En el Salmo 55:22 se nos invita a echar nuestra carga sobre Jehová. Dice que él nos sostendrá. No promete que los problemas desaparezcan hoy. Pero sí promete que no estaremos solos con ellos.

Persona: Eso último me gusta. Sentirse sola con todo pesa mucho.

Publicadora: Así es. Por eso conviene hablarlo con alguien y también con Dios. ¿Ha orado alguna vez cuando está preocupada?

Persona: De niña sí, con mi abuela. Ahora casi nunca.

Publicadora: Pues puede volver a hacerlo, con sus propias palabras. No necesita fórmulas.

Publicadora: Ojalá el tratado le sirva. Léalo con calma, en su casa o en el trabajo. Y si algún día quiere comentarlo, le anoto mi número aquí mismo. Puede escribirme cuando quiera.

Persona: Gracias, Lucía. Qué amable. Lo voy a leer esta noche.

Publicadora: Me alegra mucho. Mire, ya viene el autobús. Fue un gusto conversar con usted, Marta.

Persona: Igualmente. Que tenga una linda tarde.

Publicadora: Igualmente. Cuídese mucho.

Publicidad

Discurso

Duración: (5 mins.)

Lección: th lección 16

Indicación: w25.12 26-30. Título: Los mayores son un tesoro para la congregación

Preparación

Este discurso explica por qué los hermanos mayores son un tesoro para la congregación. Usa textos de la Biblia y ejemplos sencillos. Termina con acciones prácticas para mostrarles respeto y cariño.

Guion

Buenas tardes, hermanos. Imaginemos una congregación sin sus hermanos mayores. ¿Qué perderíamos? Tal vez no lo notemos de inmediato. Pero perderíamos años de experiencia sirviendo a Jehová. Hoy quiero hablar de por qué los mayores son un tesoro para la congregación.

Primero, veamos cómo los ve Jehová. Proverbios 16:31 dice que las canas son una corona de belleza cuando se encuentran en el camino de la justicia. Una corona es algo que se muestra con orgullo. Así ve Jehová a los hermanos mayores que le han sido fieles. Y Levítico 19:32 nos pide que respetemos a los ancianos. Si Jehová los valora tanto, nosotros también debemos hacerlo.

Segundo, los mayores tienen sabiduría. Job 12:12 dice que entre los de edad avanzada hay sabiduría. Piensen en lo que un hermano mayor ha vivido. Ha pasado por pruebas, por cambios y por decepciones. Y ha visto cómo Jehová lo sostuvo en cada una. Esa experiencia no se encuentra en un libro. Se aprende escuchándolos. Imaginemos a un joven que tiene una duda sobre cómo manejar la presión. Si conversa con un hermano mayor, puede recibir un consejo que le ahorre muchos tropiezos.

Tercero, los mayores siguen dando fruto. El Salmo 92:14 dice que, aun en la vejez, los justos seguirán dando fruto. Es verdad que quizás no puedan hacer lo mismo que antes. Tal vez ya no tengan la misma energía. Pero pueden orar por los demás, animar con una llamada o un mensaje, y compartir lo que han aprendido. También pueden predicar a quienes se cruzan en su camino. Su fidelidad de muchos años es en sí misma un testimonio poderoso.

Cuarto, los mayores nos dan un ejemplo de aguante. En el Salmo 71:18, un siervo de Dios ya canoso le pide ayuda a Jehová. Quiere seguir hablando de su poder a la nueva generación. Ese deseo es muy bonito. Muestra que quien envejece sirviendo a Jehová sigue queriendo ayudar a los jóvenes. Y nosotros podemos darle esa oportunidad.

Quinto, los mayores pueden enseñar. Tito 2:3-5 dice que las mujeres mayores pueden enseñar lo bueno a las más jóvenes. Y 1 Timoteo 5:1, 2 nos anima a tratar a los hermanos mayores como a nuestros padres. Eso no es solo ser corteses. Es verlos como parte de nuestra familia espiritual. Imaginemos a una hermana joven que acaba de casarse. Un consejo sencillo de una hermana con muchos años de experiencia puede darle mucha tranquilidad. Y la hermana mayor se sentirá útil y querida.

¿Y qué podemos hacer, entonces? Primero, mostrarles respeto. Podemos saludarlos con cariño y escucharlos sin interrumpir. Segundo, pedirles consejo. Podemos preguntarles cómo enfrentaron una situación parecida a la nuestra. Tercero, ayudarlos en lo práctico. Quizá necesiten que alguien los lleve a la reunión o los acompañe a una cita. Un gesto sencillo les demuestra que los valoramos.

Imaginemos ahora un hermano mayor que se siente poco útil porque ya no puede hacer lo que hacía. Una visita, una palabra de aprecio o una pregunta sincera pueden cambiar su día. Le recuerdan que sigue siendo parte importante de la congregación. Y a nosotros nos recuerdan que todos tenemos algo que aportar.

Quizás alguien piense que los mayores ya hicieron su parte. Pero la Biblia no dice eso. Jehová sigue contando con cada uno de sus siervos, a cualquier edad. Por eso la congregación necesita tanto a los jóvenes como a los mayores. Cada edad aporta algo distinto, y juntos mostramos mejor la unidad que Jehová quiere.

En conclusión, los mayores son un tesoro por varias razones. Jehová los valora y tienen sabiduría. Además, siguen dando fruto y nos dan ejemplo de fidelidad. Aprovechemos esta oportunidad de aprender de ellos. Si lo hacemos, la congregación entera se fortalece. Y Jehová, que ve todo lo que hacemos por los mayores, se alegra de ver ese cariño entre sus siervos. Muchas gracias.

Publicidad