Jeremías 38:2
En Jeremías 38:2 me enseña que Jehová seguía ofreciendo una salida incluso después de tanta desobediencia. No estaba buscando una excusa para destruirlos; les indicó claramente qué podían hacer para salvarse. Esa paciencia me hace apreciar su misericordia. Cuando me corrige, prefiero ver la corrección como una puerta abierta, no como una señal de que ya se rindió conmigo.
En Jeremías 38:2 me anima a revisar mi reacción cuando recibo un consejo que no esperaba. Mi primera respuesta podría ser defenderme o buscar otra opinión que me resulte más cómoda. Este versículo me impulsa a preguntar primero si el consejo armoniza con la voluntad de Jehová. Si es así, quiero actuar pronto, porque retrasar la obediencia puede volver más difícil una situación que todavía tiene solución.
En Jeremías 38:2 aprendo que obedecer una instrucción difícil podía significar la diferencia entre vivir y morir. A veces la dirección correcta no coincide con lo que parece lógico o digno desde el punto de vista humano. Me hace pensar en si estoy dispuesto a obedecer cuando una indicación bíblica hiere mi orgullo o rompe mis planes. La fe se nota mucho cuando cuesta ceder.