Semana del 9 al 15 de noviembre de 2026

Seamos Mejores Maestros – 9 al 15 de noviembre de 2026

Seamos Mejores Maestros del 9 al 15 de noviembre de 2026: contenido preparado para la reunión.

Asignaciones preparadas

4. Empecemos conversaciones

Duración: (3 mins.)

Lección: lmd lección 3 punto 3

Indicación: DE CASA EN CASA. Ofrece un curso bíblico de forma directa.

Preparación

La demostración practica una oferta clara del curso bíblico desde el principio, sin rodeos ni presión. El publicador explica brevemente qué ofrece, muestra cómo funciona y deja que la persona decida si quiere probarlo.

Guion

Publicador: Buenos días. Estamos visitando brevemente a los vecinos porque ofrecemos un curso gratuito de la Biblia. No es necesario cambiar de religión para probarlo, y una lección puede durar unos minutos. ¿Le gustaría ver cómo funciona?

Amo de casa: ¿Un curso? La verdad es que ahora mismo tengo poco tiempo.

Publicador: Lo entiendo. Precisamente por eso tratamos de hacerlo muy sencillo. Mire, usamos preguntas cortas y después buscamos la respuesta en la Biblia. Por ejemplo, mucha gente se pregunta si algún día habrá verdadera paz. Aquí hay una pregunta así.

Amo de casa: Sí, esa pregunta sí me interesa. Con tantas noticias malas, uno ya no sabe qué pensar.

Publicador: A mí también me parece muy actual. La idea es que usted diga primero lo que piensa y luego vemos un texto. No se trata de que yo dé una conferencia. Vamos conversando y usted puede preguntar lo que quiera.

Amo de casa: ¿Y cuánto dura cada vez?

Publicador: Se adapta a su horario. Podemos usar diez o quince minutos, incluso menos si ese día está ocupado. Para que vea el formato, podríamos leer una sola pregunta ahora y dejar el resto para otro momento.

Amo de casa: Bueno, unos minutos sí tengo.

Publicador: Perfecto. La pregunta dice: “¿Qué promete Dios para el futuro?”. Hay varias promesas, pero una de mis favoritas habla de paz y seguridad. ¿Qué le gustaría que cambiara primero en el mundo?

Amo de casa: Que la gente dejara de matarse por todo.

Publicador: Tiene sentido. La Biblia presenta la paz como algo que Dios puede hacer realidad, no solo como un deseo humano. Si le parece, en la próxima visita podemos ver un texto sobre eso y también cómo responde la Biblia otras preguntas prácticas.

Amo de casa: Sí, podría ser.

Publicador: Muy bien. ¿Le viene bien a esta misma hora la próxima semana? Podemos continuar exactamente desde aquí y, si después ve que no le interesa, no hay ningún compromiso.

Amo de casa: El martes me queda mejor.

Publicador: Perfecto, entonces paso el martes. Gracias por regalarme estos minutos. Me gustó saber qué aspecto de la paz le preocupa más, porque así podemos empezar por una pregunta que de verdad le interesa.

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5. Empecemos conversaciones

Duración: (4 mins.)

Lección: lmd lección 3 punto 4

Indicación: DE CASA EN CASA. En la conversación, mencionas que Jesús es el Hijo de Dios. La persona te dice que no está de acuerdo.

Preparación

La demostración muestra cómo responder a una objeción sin convertir la conversación en una discusión. El publicador escucha, reconoce con respeto lo que la persona cree y usa una pregunta y un texto breve para explicar por qué llama a Jesús Hijo de Dios.

Guion

Publicador: Buenos días. Estamos conversando con los vecinos sobre una pregunta que muchas personas se hacen: ¿qué papel tiene Jesús en el propósito de Dios?

Amo de casa: Yo creo que Jesús es Dios. Para mí no es simplemente el Hijo de Dios.

Publicador: Gracias por decírmelo. Sé que muchas personas sinceras lo entienden así, y no quiero discutir con usted. ¿Le puedo preguntar qué es lo que más le convence de esa idea?

Amo de casa: Desde niño me enseñaron que el Padre y el Hijo son el mismo Dios.

Publicador: Entiendo. Es una enseñanza muy conocida. Nosotros preferimos empezar por expresiones directas que usa la propia Biblia. Por ejemplo, en Lucas 1:35 el ángel que habló con María dijo que el niño sería llamado “Hijo de Dios”. ¿Qué le llama la atención de que el ángel use esa expresión?

Amo de casa: Bueno, sí dice Hijo de Dios, pero yo entiendo que sigue siendo Dios.

Publicador: Claro, comprendo que ese versículo por sí solo no resuelve todas sus preguntas. Lo que me parece útil es observar cómo Jesús habla de su Padre en otros pasajes. Él ora a su Padre, recibe autoridad y dice que fue enviado. Por eso nosotros distinguimos entre Jehová, el Padre, y Jesús, su Hijo.

Amo de casa: Pero hay textos que parecen decir otra cosa.

Publicador: Sí, y me parece justo examinarlos. No quisiera seleccionar solo los textos que apoyan lo que yo pienso. Si usted tiene uno en mente, la próxima vez podemos leerlo juntos y también compararlo con otros pasajes claros sobre la relación entre el Padre y el Hijo.

Amo de casa: Por ejemplo, está eso de “yo y el Padre somos uno”.

Publicador: Ese es un buen texto para analizar. Podríamos preguntar: ¿uno en qué sentido? En la misma conversación bíblica vemos que Jesús y su Padre están completamente unidos en propósito. También Jesús pidió que sus discípulos fueran “uno”, y evidentemente no quiso decir que todos se convertirían en una sola persona.

Amo de casa: Nunca lo había pensado de esa manera.

Publicador: Si quiere, la próxima vez puede usar su propia Biblia. Así revisamos el pasaje en el contexto que usted conoce y comparamos con calma las expresiones.

Amo de casa: Sí, prefiero verlo en mi Biblia.

Publicador: Esa es la ventaja de mirar el contexto sin prisa. No hace falta decidir hoy. Si le parece, puedo volver y vemos ese pasaje completo junto con uno o dos textos más. Usted mismo puede comparar el lenguaje.

Amo de casa: Está bien. Me interesa ver cómo lo explican.

Publicador: Perfecto. Y si encuentra otro texto que le parezca importante, téngalo listo. Me gustaría escucharlo primero. Así la conversación no será sobre quién gana una discusión, sino sobre qué enseña la Biblia realmente acerca de Jesús y de su Padre.

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6. Discurso

Duración: (5 mins.)

Lección: th lección 7

Indicación: lmd apéndice A punto 21. Título: El Reino de Dios es un gobierno real que está en el cielo.

Preparación

El discurso explica de forma sencilla que el Reino no es solo un sentimiento en el corazón, sino un gobierno establecido por Dios. Se usan textos que muestran que tiene un Rey, autoridad y objetivos concretos, y se termina con una aplicación práctica para nuestra vida.

Guion

Introducción

Cuando escuchamos la palabra “reino”, normalmente pensamos en un gobierno. Hay un gobernante, personas bajo su autoridad, leyes y un territorio. Sin embargo, algunas personas usan la expresión “Reino de Dios” como si solo significara tener a Dios en el corazón.

La Biblia presenta algo mucho más concreto. El Reino de Dios es un gobierno real que está en el cielo. Veamos tres detalles que ayudan a entenderlo y por qué eso importa para nosotros.

El Reino tiene un Rey

LEAMOS DANIEL 7:13, 14

Daniel vio proféticamente a “alguien parecido a un hijo del hombre” recibir dominio, honra y un reino. Jesús se identificó como el Hijo del Hombre. Así que el Reino tiene un Gobernante nombrado por Dios, y ese Rey es Jesucristo.

Eso ya nos dice que el Reino no es solo una sensación interior. Un sentimiento no recibe dominio sobre pueblos y naciones. Jesús recibe autoridad para gobernar.

Además, su manera de gobernar es muy distinta de la de muchos líderes humanos. Jesús conoce el sufrimiento, ama la justicia y ha demostrado compasión. Tenerlo como Rey nos da una razón sólida para confiar en ese gobierno.

El Reino ejerce autoridad real

LEAMOS DANIEL 2:44

Este texto dice que el Dios del cielo establecería un reino que nunca sería destruido y que acabaría con los demás reinos. Eso describe acción gubernamental real. El Reino no existe simplemente para inspirar a las personas a ser mejores; tiene autoridad para reemplazar sistemas humanos que no han podido eliminar la guerra, la injusticia ni la muerte.

El Reino de Dios no tendrá ese problema. Su autoridad viene de Jehová y su Rey no es víctima de enfermedad, corrupción ni muerte. Por eso puede cumplir objetivos que ningún gobierno humano ha logrado mantener de forma permanente.

El Reino está en el cielo

Jesús enseñó a sus discípulos a orar: “Que venga tu Reino”. Si el Reino fuera simplemente una actitud en el corazón, no tendría sentido pedir que viniera para hacer la voluntad de Dios en la Tierra. La oración indica que ese gobierno celestial actuaría sobre nuestro planeta.

También después de resucitar, Jesús volvió al cielo. Desde allí puede ejercer autoridad sin depender de una capital terrestre, un ejército humano o fronteras nacionales. Su gobierno no pertenece a un solo país ni favorece una cultura sobre otra.

Eso explica por qué los cristianos verdaderos no intentamos convertir el Reino de Dios en un movimiento político. Esperamos que ese gobierno celestial haga lo que Jehová ha prometido, y mientras tanto obedecemos las leyes del país donde vivimos siempre que no choquen con las de Dios.

¿Qué hará el Reino?

El Reino hará que la voluntad de Dios se cumpla en la Tierra. La Biblia relaciona ese gobierno con paz, justicia y el fin del sufrimiento. También hará posible que las personas obedientes disfruten de vida en condiciones que reflejen el propósito original de Jehová.

Por eso, cuando predicamos, no estamos ofreciendo solo consejos para llevar una vida un poco mejor dentro del sistema actual. Estamos anunciando un gobierno que puede resolver las causas profundas de los problemas humanos.

Aplicación

Si de verdad creo que el Reino es un gobierno real, eso influirá en mis prioridades. Un ciudadano que confía en un gobierno presta atención a sus leyes y a sus anuncios. De manera parecida, yo quiero conocer las normas del Reino y vivir de acuerdo con ellas ahora.

También me ayudará a mantener equilibrio frente a las noticias políticas. Puedo interesarme por lo que ocurre y respetar a las autoridades, pero no necesito colocar mi esperanza en un candidato, partido o sistema humano. Mi esperanza principal ya tiene un Rey.

Conclusión

El Reino de Dios tiene un Rey, ejerce autoridad real y gobierna desde el cielo. No es solo un sentimiento religioso. Es la solución de Jehová para la humanidad.

Cuanto más real sea el Reino para nosotros, más fácil será buscarlo primero, obedecer sus normas y hablar de él con entusiasmo. Podemos confiar en ese gobierno porque su Rey es Jesús y su autoridad viene del propio Jehová.

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