Pedro aprende a confiar en medio de la tormenta
Estas preguntas ayudan a ver cómo la fe puede debilitarse si miramos demasiado el problema, pero también muestran que Jesús actúa con poder y compasión para fortalecer a sus discípulos.
Preguntas y comentarios de la lección 84
¿Por qué empezó a hundirse Pedro?
3 comentariosPedro empezó a hundirse cuando desvió la vista de Jesús y dejó que el miedo y la duda ocuparan el centro.
Se hundió porque empezó a dudar. Jesús se lo preguntó directamente: “¿Por qué empezaste a dudar?”. Mientras Pedro confió en el poder de Jesús, pudo caminar sobre el agua, pero en cuanto permitió que la duda entrara en su corazón por el peligro que lo rodeaba, perdió el apoyo milagroso que lo mantenía a flote.
Según el relato de Mateo 14:30, fue al ver “la fuerza del viento” cuando Pedro se asustó. A pesar de que Jesús estaba allí mismo, el entorno tan difícil lo abrumó. Lo bueno es que, al sentir que se hundía, supo a quién acudir y gritó: “¡Señor, sálvame!”, reconociendo que solo Jesús podía rescatarlo.
¿Qué aprendieron los apóstoles?
3 comentariosLos apóstoles aprendieron a confiar más en Jesús, a reconocer su identidad y a sentirse seguros de su cuidado aun en situaciones extremas.
Los apóstoles aprendieron que, si confiaban por completo en Jesús, no debían tener miedo de nada. Al ver cómo Jesús calmó la tormenta con solo decir “¡Silencio! ¡Cállate!”, se dieron cuenta de que él tenía el respaldo de Jehová para controlar incluso los elementos más violentos de la naturaleza.
Aprendieron una lección fundamental sobre la identidad de Jesús. Al final de estos sucesos, ellos mismos declararon: “Es verdad, tú eres el Hijo de Dios”. Ver estos milagros cara a cara les ayudó a convencerse de que Jesús no era un maestro común, sino alguien con autoridad divina.
Aprendieron que Jesús siempre está atento a sus necesidades, incluso cuando parece que no lo está. Por ejemplo, cuando Jesús estaba dormido en la barca durante la tormenta, ellos pensaron que iban a morir. Pero aprendieron que con Jesús a su lado siempre estarían protegidos, lo que los preparó para las pruebas que enfrentarían más adelante.
Referencias bíblicas de la lección 84
Marcos 4:35-41
Este texto resalta que, tras las palabras de Jesús, “se produjo una gran calma”. No fue algo gradual, fue instantáneo. Esto nos explica que el poder que Jehová le ha dado a Jesús es total. Para nosotros es una garantía de que en el nuevo mundo no habrá desastres naturales que nos lastimen.
Mateo 14:33
Menciona que los que estaban en la barca “le rindieron homenaje” o se inclinaron ante él. Esto indica que su fe creció de manera exponencial. La lección práctica es que, cuando vemos la mano de Jehová ayudándonos en momentos de tormenta personal, nuestra gratitud y devoción a él se hacen mucho más fuertes.
Salmo 27:13
Este Salmo resume lo que Pedro y los apóstoles vivieron: sin fe, es imposible mantenerse en pie ante las dificultades. La fe nos permite “ver la bondad de Jehová” incluso cuando las circunstancias externas son oscuras y tormentosas.
Aplicaciones de la lección 84 para nuestra vida
Pedir ayuda enseguida
Pedro nos enseña que, si sentimos que nos estamos “hundiendo” por los problemas de la vida, lo más importante es no dejar de orar. Al igual que Pedro gritó por ayuda, nosotros podemos pedirle a Jehová que nos sostenga con su mano derecha y nos dé la paz que necesitamos.
Fortalecer la oración
El hecho de que Jesús estuviera orando a solas en la montaña antes de ir hacia la barca nos enseña que la oración es nuestra fuente de fuerzas. Jesús estaba tranquilo en medio de la tormenta porque acababa de estar en comunicación con su Padre. Si nosotros tenemos una buena rutina espiritual, también podremos mantener la calma en tiempos difíciles.
Esperar con más fe
A veces podemos sentir que Jehová está “dormido” o que no responde a nuestras oraciones ante una situación urgente. Pero el relato de la barca nos recuerda que él siempre tiene el control. Lo que a veces nos falta no es su ayuda, sino un poco más de fe para esperar en él.
Dar la mano con compasión
Jesús le dio la mano a Pedro enseguida. Él no lo dejó que se hundiera para darle una lección severa, sino que lo ayudó primero y luego lo aconsejó. Esto nos enseña a ser compasivos con los hermanos que están pasando por dudas o debilidad espiritual, dándoles la mano para ayudarlos a recuperarse.
Pedro empezó a hundirse porque quitó la vista de Jesús y se concentró en la fuerza de la tormenta. Al mirar el viento y las olas, el miedo reemplazó a su fe. Esto nos enseña que, aunque tengamos una fe fuerte al principio, si nos enfocamos demasiado en nuestros problemas, nuestra confianza en Jehová puede debilitarse.